posted by Roberto Jimenez

Mi
paz con la naturaleza



Recientemente, aprendí sobre la felicidad de manejar un carro eléctrico en Costa Rica

Alquilé un carro eléctrico para movilizarme por la gran área metropolitana durante tres semanas.   Estaba haciendo un estudio para determinar la oportunidad que el país tiene para lograr la meta de carbono neutralidad al año 2021.  No quería que mi investigación contribuyera a las emisiones nacionales de dióxido de carbono.



Aunque mi razón inicial por alquilar el auto eléctrico fue ambiental, los beneficios más grandes que recibí  fueron sociales y económicos.  Paradójicamente, navegando las calles llenas de gente de San José aprendí sobre el silencio, la conveniencia, la eficiencia y la felicidad.


El diseño del pequeño vehículo atrae mucha atención.  Conversé con cientos de personas.  Aquí les comparto sus voces.



Silencio. “¿Cómo que está encendido?, pero no se oye nada,” me preguntan los vendedores de jocotes en las calles. El carro casi no hace ruido… y eso me ha dado paz.  Un domingo hice un recorrido tempranero por El Tirol en Heredia con mi amiga Sarah. Lo único que interrumpió nuestra intensa conversación de cómo mejorar nuestro mundo fue el gorjeo de los pájaros y las brisas montañeras.  Me pregunto, ¿cómo serían nuestras ciudades sin el ruido de los motores?


Facilidad. Por su diseño eficiente, muchos me comentan “Mae, con ese carrito usted se puede estacionar donde quiera, verdad?” La infraestructura del centro capitalino causa molestias a casi todos los que conducen.  Pero, como el ‘carrito’ eléctrico es bastante compacto, yo pude maniobrar por las ‘presas’ como un motociclista y siempre respetando las leyes de tránsito.


Eficiencia. “¿De qué tamaño es el motor?” me preguntan en Cartago. “No sé,” les contesto. “El carro me da 80 kilómetros por carga.”  Responden, “Ah, es suficiente verdad?”  Sí, es suficiente para la ciudad, pero como cada carga eléctrica es limitada, me he puesto a manejar más eficientemente. No acelero en las cuestas. Reduzco la velocidad cuando sé que voy a llegar a un alto. El freno es el enemigo de la eficiencia. Si condujéramos más eficientemente, ahorraríamos en combustibles, mantenimientos y vidas.


Felicidad. “Papi ve qué lindo el carrito,” gritan los chiquillos de mi barrio en Moravia cuando me ven pasar. Todos me sonríen, algunos me dicen adiós. El estrés, las preocupaciones cotidianas y las arrugas en mi ceño se esfuman. Les sonrío de vuelta. Gracias. Han mejorado mi día. Qué lindo vivir en el país más feliz del mundo. El otro día en la recepción de la UNED vi un rótulo que decía, “La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz.” No podría expresarlo de mejor manera.


El carro eléctrico me ahorró miles de colones en combustibles fósiles. No exporté mi dinero a países donde sus dirigentes no comparten la misma filosofía de paz que compartimos los ticos.  Me siento feliz que no he generado emisiones, pero aún más feliz que he generado sonrisas.

Las conversaciones callejeras me han enchufado con el pueblo.  Tuve más conversaciones callejeras en esas tres semanas que en mis tres décadas de vida.  El otro día en Alajuela, un vendedor de cargadores para celulares me dijo, “¡Mae que chuzo! ¿Es el carro del futuro verdad?” “No,” le respondí con una sonrisa, “es el carro de hoy.”

Notas:
La meta de carbono neutralidad al año 2021 es parte de la Iniciativa Paz con la Naturaleza.  Ver más en: www.pazconlanaturaleza.org. Costa Rica es uno de los pocos países en el mundo sin ejército.   Sirve como modelo de paz para la región Latinoamericana.  Para manejar un vehículo eléctrico en Costa Rica, contactar a REVA en: www.revacr.com.